miércoles, 22 de julio de 2009

LOS VACUNOS EN LA PATAGONIA (1RA.PARTE)

No es posible comenzar a hablar de los vacunos en la Patagonia, sin hacer alguna referencia, aunque más no sea somera, de cómo llegaron los vacunos a América del Sur. Según versiones, las primeras vacas fueron traídas en el año 1552 a las costas del Brasil por la expedición española de Sanabria y desembarcadas en el Golfo de Santa Catalina. Entre sus integrantes se encontraban los hermanos Goes, quienes llevaron de arreo a Paraguay 7 vacas y un toro. Estos ejemplares eran de origen andaluz y de la raza Sansón, raza con aptitudes más carniceras que lecheras. En 1573 y en oportunidad de fundar la ciudad de Santa Fe. Juan de Garay desembarca el primer lote de vacunos sobre el río Paraná. Cuando en 1580 el mismo Garay funda Buenos Aires, trae consigo quinientos vacunos, 1.000 yeguarizos y otras haciendas desde el Paraguay.

El pastoreo sin alambradas y la cantidad de hacienda alzada sin control, hizo que las pampas se poblaran de vacunos, internándose en el desierto donde era amo y señor el indígena. A éste le interesó más el caballo que el vacuno, tanto en su afán de montarlo para sus correrías como para utilizarlo de alimento.

Hay datos que pro 1609 se desató una terrible epizootia que diezmó las pampas de vacunos. sin embargo, hubo pronta recuperación, tanto así que ya creado el Virreynato en 1780 se calculaba que existían unas 48 millones de cabezas. comienzan las disputas con el indio por la supremacía del territorio y posesión del ganado, que era robado y trasladado a Chile a través de los pasos del Neuquén. Este hecho es corroborado por el señor Viedma, Superintendente de los Territorios del Sur, quien en la memoria elevada al Gobierno en 1774, comenta de su encuentro con aproximadamente 400 indios que conducían en dos arreos, unas ocho mil vacas y yeguarizos.

Seguramente muchos de aquellos animales se extraviaban y fugaban de los arreos, lo que hizo que prontamente la hacienda se diseminara a lo largo de la cordillera patagónica.

Los españoles decidieron la construcción de un fuerte en Península Valdéz. La empresa se concreta el 7 de octubre de 1783 sobre el Golfo San José. Fundan la Estancia Del Rey, trayendo los primeros animales: 9 vacunos, 36 novillos y bueyes y 24 caballos desde Carmen de Patagones en el navío Dragón. Estas serán las primeras vacas arribadas en forma oficial a la Patagonia. Con el transcurrir de los años, los indios comienzan a acosar a los españoles, principalmente para robarle los caballos. Sin embargo, el 8 de diciembre de 1808, en un violento malón, los naturales se llevan la totalidad de los caballos y mas de 600 vacunos, quedando, según la crónica, bastante remanente. Los periódicos ataques posteriores diezmaron a los españoles, a quienes pro último los indios vencieron quemando el fuerte.

Pasarían muchos años sin antecedentes de lo ocurrido con los vacunos de la península, hasta que en 1815 un inglés, Libanus Jones. cazador de lobos marinos, explora sus costas y descubre gran cantidad de vacas; vuelve en 1818 y hace una extensa exploración, calculando que en la región peninsular pastan unas dieciocho mil cabezas. Con el fin de explotar los cueros, forma en 1824 una Compañía y consigue autorización del Gobierno para faenar y exportarlos a Europa. Nada más que comenzada la matanza, se encuentra con que los indígenas de la región, capitaneados por la cacique Maria, reclaman la hacienda como propia, lo que lleva a entablar arduas negociaciones. Solucionado el conflicto, se continua con la faena logrando reunir en poco tiempo mas de siete mil cueros, principalmente de toros grandes. Entre tanto llega otra expedición encabezada por un tal Casares, quien también se dedica a la captura y faena. Se desorganiza la matanza y se vuelve tan intensa que los vacunos huyen hacia el territorio continental.

En febrero de 1833 ancla frente a la desembocadura del río Chubut la expedición de Fitz Roy, recorre el territorio y relata, refiriéndose al valle, «......... es una pradera uniforme, cubierta de rico pastizal. Se vieron varias rebaños de ganado salvaje, y en todas partes rastros del mismo, en cantidad tal, que da la idea de su gran abundancia.» Una posterior visita de Libanus Jones, sin embargo, no encuentra los animales, por lo que es dable suponer que los indios, al ver al cazador, retiraron los mismos hacia la meseta.

Ya en 1853, Buenos Aires ignoraba lo que pasaba en la Patagonia, existía una Compañía Chilena llamada «Cochamó», que se dedicaba a la cría de vacunos al sur del río Manso en territorio argentino, a través de cuyo paso conducían arreos a Valparaíso o más al norte. Sin duda éste es uno de los mejores ejemplos de la importante cantidad de hacienda que pastaba al sur del río Colorado. Cuando años más tarde esta Compañía solicita al Gobierno de Buenos Aires la propiedad de las tierras, se les niega la posibilidad y expulsa del territorio.

En 1865 y anticipándose al arribo del contingente galés que viajaba en la goleta «Mimosa», los dirigentes que se habían adelantado desembarcando en Buenos Aires, retiran en Carmen de Patagones las 50 vacas y 20 caballos que había donado el Gobierno para la futura Colonia, también mandan por arreo unos 600 vacunos, pero el mismo fue interceptado por los indios, quienes se quedaron con la hacienda.

Concretado el arribo de los galeses y su asentamiento, el Gobierno les envía otras doscientas cabezas; podríamos suponer que estas vacas criollas eran descendientes de las traídas por Garay con algún refinamiento realizado en las noveles estancias pampeanas; fueron domesticadas por los colonos, quienes comenzaron con la elaboración de quesos y manteca, en un principio para su propio consumo y con el correr de los años para la «exportación» a Buenos Aires.

En el año 1869 el inglés George Musters, consigue ser aceptado como integrante de las tribus tehuelches de los caciques Orqueke y Casimiro para realizar un reconocimiento por la Patagonia; inician su viaje en las costas del río Santa Cruz, se dirigen primero hacia el oeste y luego al norte costeando la cordillera. Dice Musters que se alimentaban exclusivamente de la caza de avestruces, guanacos y piches; que la cacería se efectuaba mediante amplios círculos que organizaban para las capturas. Cuando transitaban por zonas de poca caza pasaban períodos de hambruna. Que en más de una ocasión, fueron mitigadas por alguna orgía producida por el fallecimiento de algún integrante de la tribu, en cuya oportunidad eran carneadas todas las yeguas propiedad del finado. Estas comilonas eran acompañadas por grandes borracheras que solían durar varios días. Estando acampados en el paraje del Chírq (conocido actualmente como Cherque), el inglés es invitado a participar de una cacería de vacunos; se internaron en la cordillera llegando hasta la zona conocida hoy como Valle de Palena (límite entre Argentina y Chile, 43º 38' de latitud sur y 71º 07' longitud oeste). Relata Musters, que habiendo rodeado algunos vacunos uno de los tehuelches fue atropellado por un bravo toro, que le ocasionó la muerte; demás está agregar que regresaron al campamento con el infortunado tehuelche y sin carne.

Continuando con el viaje dice Musters, que la zona de Cushamen (noroeste de Chubut), era zona de caza y pastoreo de los araucanos radicados en las costas del Limay, allí los caciques Quintuhual y Foyel traían a pastar en verano sus vacas y ovejas. Estas tribus de costumbres sedentarias, residían en chozas construidas con troncos; una idea de la importante cantidad de hacienda que poseían los naturales está registrada en una carta que el cacique Saihueque le envía desde Limay a Lewis Jones, líder de la colonia galesa del Valle del río Chubut, fechada el 3 de abril de 1881 y donde le solicita su ayuda para peticionar ante las autoridades la devolución de sus haciendas; le informa que ha sido atacado por el ejercito argentino y despojado de sus bienes, dice (sic) « ..............lo mismo que todos mis animales, hasta 50 mil cabezas entre vacunos, yeguarizos y ovejas».

Finalizando con Musters: terminó su viaje en Carmen de Patagones, lugar donde el Cacique Casimiro concurría año tras año para recibir del Gobierno la cuota de vacunos y yeguarizos que le correspondía en proporción al número de integrantes que componían su tribu.

Escritores como Moreno (1879), Larrain (1883) o Marín Vicuña (1901), señalan la presencia de ganado vacuno en varios puntos de la Patagonia Sur. El mismo Onelli, relata su viaje a todo lo largo de la cordillera, que realiza a principios del año 1890. Partiendo desde Neuquén, se desvía de la cordillera, hacia la meseta al valle de Cushamen, para conseguir caballos de refresco con su amigo el cacique Ñancuche Nabuelquír, que comandaba la reservación de 50 leguas otorgadas por el Gobierno. No menciona Onelli la presencia de vacunos, pero en una parte de su relato menciona carros tirados por bueyes y cueros de vaca cocidos que contenían el trigo recién cosechado.


Arturo Kenneth Berwyn. 2001. Hereford, Bs.As.-

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