sábado, 18 de diciembre de 2010

HISTORIA DELCUATRERISMO EN EL RIO DE LA PLATA

Por Juan Carlos Pirali

La creciente proliferación de ganado desde su introducción en el Río de la Plata , hizo que el mismo fuera expandiéndose hacia zonas alejadas de la gran ciudad, haciéndose difícil su control por la falta de cercos apropiados para su contención, originándose como consecuencia de ello una actividad delictiva basada en el cuatrerismo y el contrabando, algo que fue preocupación de los gobernantes en distintas épocas.

Una de las medidas para poder controlar el robo de ganado, fue la de instrumentar un sistema de marca con hierro candente, y al respecto, en la primera acta del Cabildo de Buenos Aires del 19 de mayo de 1589 se implantó la marca a fuego, obligándose a todos los propietarios a registrar las suyas. (Pedro V. Capdevila. “La Estancia Argentina”). En 1606 se prohibió matar o vender animales que no tuvieran marca del dueño, y en 1617 todos los vecinos propietarios de ganado mayor, fueron obligados a inscribir sus marcas en un registro oficial.

No obstante las prevenciones tomadas, el abigeato seguía siendo un motivo de inquietud por los continuos robos que se producían. Por tal razón, en 1636 fue establecida la pena de muerte para los cuatreros.

En el siglo XVIII fue acentuándose la expansión hispana, con la fundación de nuevos pueblos en territorio bonaerense, como San Isidro (1706), San Antonio de Areco (1725), Pergamino (1730), San Vicente (1734), Ensenada (1776) y Chascomús (1779), con lo cual pudo establecerse un mayor control para la prevención y erradicación del cuatrerismo, aunque la tarea no era fácil, debido a la falta de cercos seguros para retener el ganado.

A fines del citado siglo comenzaron a instalarse hacendados al sur del río Salado, atraídos por las inmensas llanuras propicias para la cría de ganado, pero debían hacer frente a considerables dificultades, pues además del serio inconveniente que causaba la dispersión de los animales, estaba el continuo peligro de las incursiones indígenas. El gobierno se interesó en asegurar la actividad de los arriesgados ganaderos, y designó en 1815 al capitán Ramón Lara para que al frente de un piquete de soldados se instalara junto a la laguna Kakel Huincul, actual partido de Maipú, con la finalidad de resguardar a los mismos, y evitar los arreos de eventuales malones en la región. El establecimiento de ese grupo armado representó el primer puesto de avanzada al sur del Salado, además permitió la extensión de la frontera con los indios y merced al esfuerzo del mismo Lara nació en 1818 el pueblo de Dolores.

Uno de los problemas que originaba la inexistencia de cercos era la dispersión y la mezcla de animales de distintos dueños, y al respecto, afirmaba Alexander Gillespe que en el pago de San Antonio de Areco el ganadero Marcos Zabaleta, para poder identificar su hacienda la marcaba con una pintura colorada.

Por otra parte, en 1844 fue fijada como época de yerra, el período comprendido entre el 25 de diciembre y el 25 de marzo de cada año, prohibiéndose marcar fuera de esas fechas, como una forma de evitar la marcación de animales ajenos.

A partir del 1º de enero de 1882 se puso en vigencia una ley de marcación de vacunos en la provincia de Buenos Aires, con alcance obligatorio a todos los propietarios de ganado.

La marca a fuego candente debía ser estampada en “la parte baja de la pierna, pescuezo, quijada o frente del animal”, y el diseño no podía superar un diámetro de 15 centímetros. Esa ley contemplaba el asesoramiento a todos los empleados de la oficina de marcas y a un comisionado de cada uno de los siguientes partidos: San Nicolás, Pergamino, Arrecifes, Dolores, Mercedes, Luján, Las Flores, Azul, Tandil, Baradero, Juárez San José de Flores, 25 de Mayo, Saladillo, Ajó, Necochea, Patagones, Lobos, Magdalena y Bahía Blanca. Los comisionados de los citados distritos tenían la obligación de enseñar a descifrar las marcas a los comisionados de otros partidos.

La acción delictiva del cuatrerismo continuó siendo una constante en el siglo XIX en todo el territorio bonaerense, especialmente a través de las incursiones comandadas por caciques indígenas, que en muchas ocasiones entregaban el botín en Chile, desde donde se organizaba este tipo de delito.

En 1821, un malón dirigido por el ex capataz de la estancia “Miraflores”, José Luis Molina, con la colaboración de los indios pertenecientes a las tribus de los caciques Ancafilú, Pichimán y Antonio Grande establecidas en Mari-Hiuncul, saqueó e incendió el incipiente pueblo de Dolores, fundado por Ramón Lara en 1818, alzándose en su retirada con más de 100.000 cabezas de ganado que poblaban la zona.

En 1826 se produjo una invasión de indios en la estancia “El Sauce” de Manuel Arroyo y Pinedo, llevándose todos los animales de ese establecimiento y de otros vecinos. Un grupo armado que había organizado el comisario de Dolores Silverio Vidal, persiguió a los invasores, pero éstos hicieron prevalecer su superioridad numérica en una escaramuza junto a la laguna de “Toldos Viejos” y vencieron a la débil fuerza del gobierno, prosiguiendo su retirada con rumbo al sur.

El viajero inglés William Mac Cann, en su libro “Viaje a Caballo por las provincias argentinas”, narra su recorrido por el sur bonaerense en 1847, y expresa: “Por donde quiera que fuéramos, oíamos contar episodios de caballos robados”, y a él le robaron su tropilla entre Chascomús y Dolores.

Uno de los cuatreros más temidos en la provincia de Buenos Aires fue sin dudas, el cacique chileno Juan Calfucurá, emigrado de su país de origen en 1834 y establecido en las Salinas Grandes, cerca del actual límite de las provincias de La Pampa y Buenos Aires, desde donde organizaba sus ataques a los pueblos y los arreos de ganados, que posteriormente entregaba en el país trasandino. Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, había celebrado un tratado de paz con éste, a cambio de 8.000 vacunos por año, ropas, alcohol, tabaco y víveres, pero no obstante ese acuerdo, se produjeron algunos arreos aislados en violación del pacto.

En 1855 los indios de Calfucurá arrearon en la zona de Azul unas 150.000 cabezas.











Los enfrentamientos políticos también fueron motivos de despojos a los productores, particularmente en el sudeste bonaerense, donde las características de los campos fueron siempre propicias para la cría de ganados, habiéndose establecido un numeroso grupo de estancieros desde la primera parte del siglo XIX, pero hubo una circunstancia que hizo despoblar de haciendas la citada región. Después del levantamiento armado del 29 de octubre de 1839 contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas, en el que estaban involucrados los hacendados del sur, el gobernador, como represalia contra ellos, embargó sus campos y comenzó a usar las haciendas para mantenimiento de las tropas del Estado, y para entregar a las tribus de los caciques amigos, con quienes había pactado condiciones de paz.

Ante esa situación, muchos propietarios prefirieron abandonar sus bienes y emigrar, por el temor a las persecuciones. De esa forma, debido a los continuos arreos (cuatrerismo encubierto) que se hacían por orden de Rosas, comenzó a escasear el principal alimento de los pobladores. Así se desprende de un oficio del Juez de Paz del partido de Vecino (hoy General Guido), don Dámaso Bellido, por medio del cual solicita auxilio al gobierno, porque los vecinos se encontraban sin vacunos para el consumo.

En 1865 el coronel Machado había celebrado un acuerdo con representantes de Calfucurá, por el cual el cacique de Salinas Grandes se comprometía a no atacar a los pueblos fronterizos, pero el tratado no fue cumplido, ya que el 15 de junio de 1870 las fuerzas de Calfucurá dirigidas por los caciques Lief-Curá (Piedra blanca) y Maru-Hual (Diez Patos), avanzaron sobre Tres Arroyos y saquearon e incendiaron el pueblo, dejaron varios vecinos muertos y, en su retirada se llevaron alrededor de 40.000 vacas y 1.000 yeguarizos.

En 1872, Calfucurá utilizando las últimas fuerzas de su vida organizó un malón con 3.500 indios y al frente de ellos, avanzó sobre General Alvear, 25 de Mayo y 9 de Julio. Asaltaron pueblos y estancias, incendiaron viviendas y arrearon en la incursión unas 200.000 cabezas de ganados. Pero esta vez, el general Rivas a cargo de las fuerzas del gobierno, con la colaboración de las tribus de Coliqueo y Catriel, derrotó a los invasores en el combate de San Carlos. Como consecuencia de ese hecho, cayó el poder del cacique de Salinas Grandes, quien falleció al año siguiente.

En 1875 el cacique Juan José Catriel, que hacía poco había mantenido un parlamento con Alsina, atacó con el apoyo de los caciques Namuncurá, Baigorrita y Pincén, las zonas de Tandil, Azul, Tapalqué, Tres Arroyos y General Alvear, con un arreo de 300.000 cabezas. El presidente Nicolás Avellaneda decidió implantar una ofensiva acción contra esas incursiones, y al mismo tiempo defender los territorios que iban ocupándose en el sur bonaerense. Para tal fin encomendó a su ministro de Guerra, Adolfo Alsina la organización de esa empresa, y éste efectuó su primer avance en 1876, con la fijación de la nueva frontera, que llegaba a hasta los pueblos de Carhué, Guaminí y Puán, fundándose en esa ocasión casi cien fortificaciones, complementadas con la conocida zanja que se extendía desde Italó, en el sur de Córdoba, y Bahía Blanca. Ese año hubo nuevas arreadas comandadas por Namuncurá, J.J. Catriel y Pincén, hasta que entre 1878 y 1879, con la llamada “conquista del desierto”, que comandó el general Julio Roca, las tribus indígenas fueron retirándose hacia el sur, despejándose el peligro que significaba para los hacendados y los incipientes pueblos, el flagelo de los malones. No obstante ese hecho, el abigeato continuó practicado por los blancos, tal cual lo atestiguan las numerosas causas judiciales existente en el archivo de los Tribunales de Dolores, que en la última parte del siglo XIX tenía jurisdicción sobre todo el sur bonaerense.

http://juancpirali.obolog.com/cuatrerismo-provincia-buenos-aires-560151

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A raiz de los adelantos tecnologicos del Siglo XXI que se van suscitando diariamente como la utilizacion de las computadoras personales, los sistemas de computacion, las redes informaticas, la Web global, el posicionamiento satelital y tantos sistemas de comunicacion y contro9l que permiten la utilizacion y control efectivo de los recursos naturales de cada pais.
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Es de saber que a medida que aumenta la poblacion las necesidades alimentarias aumentan dia a dia y es que en un futuro no muy lejano no ser el petroleo, no seran los bienes de consumos las necesidades imperiosas, sino sera el agua y los alimentos.
Por eso los hombre abocados a la seguridad de los ciudadanos debemos aportar alternativas a esos sistemas de seguridad en mi caso, es que he presentado este Programa para la Prevencion del Robo de Ganado en Transito basado en la aplicacion de nuevas tecnologias entre ellas la identificacion electronica del ganado, concordantes con esas politicas de renovacion del Estado para lograr eficiencia, optimizacion de recursos humanos, rapidez en el control, sencillez en los procedimentos, control fiscal, control sanitario y control de prevencion y represion del robo de ganado en transito.

El Sistema de Identificacion Electronica es usado en muchos paises como sistema de trazabilidad de carnes es decir para tener un mejor control y calidad en las carnes, aplicandose solo hasta el momento en el ambito privado, lograndose con esto una mejor calidad de la carne debido al seguimiento intensivo del animal (vacunacion, alimentcion, control veterinario, etc.).- Sabemos que America en especial Latinoamerica tenemos una rica historia en cria de ganado vacuno y equino especialmente en los inicios de la llegada de los españoles, hoy en dia es eso junto con la agricultura una de las principales armas economicas que poseemos por ello debemo cuidarlas.- Es por eso que los invito a participar en este foro para poder intercambiar experiencias vividas como asi tambien ir tomando conocimiento de hechos relevantes relacionados a este tema.- Agradeciendo a ustedes por su atencion saludandolos atentamente.- MIGUEL SERGIO SANCHEZ Capitan de la Policia de la Provincia de Buenos Aires - Delitos Rurales